sábado, 26 de diciembre de 2009

AFICHES BASURA

Columna radial, Liliana Daunes


Las callecitas de Buenos Aires tienen ese … qué se yo… ¿viste?

Por las noches, Buenos Aires revienta de basura… Y durante los días, los afiches basura tapan las paredes… Como esos que aparecieron esta semanadiciendo: ABORTO=GENOCIDIO.


Los fundamentalistas no tienen medida. Tan acostumbrados como están a realizar genocidios, tan naturalizados para ellos los genocidios, tan cualquier cosa es para ellos el genocidio, que ellos, los genocidas, pretenden acusar a las víctimas de su sistema, de producir las políticas de muerte masiva. Hay límites que no debieran pasarse, en los debates públicos.


En estos días, en que los principales genocidas están pasando por los estrados judiciales para ser juzgados por los crímenes de la dictadura, comparar a estos asesinos masivos, con una mujer que defiende el derecho a decidir sobre su cuerpo interrumpiendo un embarazo, resulta una aberración, desde cualquier lugar que se lo analice. Es una provocación para confundir, no sólo sobre los derechos de las mujeres, sino también sobre 'los derechos humanos'.


Los genocidas deben ser condenados. La prisión perpetua es la única manera de hacer justicia, para que la memoria de esta sociedad empiece a actuar en la sanación de nuestras heridas colectivas.


Y cuando se avanza en la batalla contra la impunidad, crea sospechas esta mezcla realizada por los defensores de aquella Iglesia que fue cómplice de la dictadura, con la utilización de este término para descalificar las batallas por los derechos de las mujeres.


El aborto, la decisión de las mujeres de interrumpir un embarazo no deseado, es un derecho de las humanas. Transformarlo en un crimen, criminalizarlo, es un método perverso.

Volver el ejercicio de los derechos en crímenes, es un mecanismo de confusión, que pretende cabalgar sobre los prejuicios más primitivos de la humanidad, modelados por las doctrinas religiosas sustentadas por estructuras conservadoras del orden represor de los cuerpos y las vidas.


Tal vez no merecería respuesta este hecho: un afiche en la pared.


Pero ese afiche es una expresión burda de una posición política, que pretende avanzar en el disciplinamiento de los cuerpos de las mujeres, por medio del terror y la confusión.

Las mujeres defendemos la vida, claro. Ellos callaban cuando nos mataban. Ellos callaban frente a la desaparición de personas. Ellos callan frente al abuso de menores realizado por legiones de curas de su institución.


Ellos hablan cuando la hora de la justicia llega para los genocidas, y pretenden decir ahora que las genocidas somos las mujeres.


No vamos a decir, como el rey, 'por qué no se callan'. Vamos a decir que sus mentiras pueden confundir por un rato. Pero que la lucha por la vida y por la libertad, va quemando sus mentiras.


Las mujeres vamos sabiendo quién es quién, y dónde está la basura. Hoy está en las paredes. Mañana estará en las cárceles.

Y nosotras seguiremos llamando, como nos enseñaron las madres en los días más oscuros de la dictadura, al pan pan, al vino vino, y asesino al asesino.

Brindar la rosa
en el tiempo y el espacio mágico del aire radial.
Radializarla. Irradiarla.
Regarla con la poesía, la música, los dolores
y la esperanza que guarda la tierra.
Rehacer la rosa pétalo a pétalo,
Me quiere mucho,
muchito y todo.
Blindarla en el combate. Brindarla en el amor.
Risarla con alegre rebeldía.
La rosa brindada. Espacio de los intentos.


La rosa brindada

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