viernes, 29 de mayo de 2009

a 40 años del cordobazo

El cordobazo fue un momento que condensa la historia de muchas luchas previas, y fue también una jornada de rebeldía juvenil y popular. No fue un levantamiento espontáneo. Fue un estallido amasado pacientemente por un movimiento obrero, que supo ser y hacerse clasista, revolucionario, socialista.


Los tiempos eran distintos al actual. La desocupación rondaba el 5%. Fueron obreros y estudiantes con sus necesidades básicas satisfechas los que se sublevaron contra la dictadura de Onganía. Los 14 años de proscripción del peronismo, un camino abierto en la resistencia del luche y vuelve, el entusiasmo que producía la revolución cubana en toda una generación, la revuelta contra la dictadura, prepararon en Córdoba el clima que derivó en el estallido del 29 de mayo. También estuvieron presentes revueltas lejanas/cercanas, como el Mayo Francés o la Primavera de Praga. Y más cerquita todavía, el Che cordobés que había partido un día para reinventar la patria latinoamericana, y había caído en combate en Bolivia, en octubre del 67.


Eran tiempos de batallas emancipatorias, y de desafíos al poder. La unidad obrero estudiantil era más que una consigna, era un camino de construcción de poder popular. El nombre de Santiago Pampillón, obrero y estudiante asesinado en septiempre de 1966, era un símbolo de esa alianza histórica.


La voz de Agustín Tosco nos recuerda, que en el trasfondo de la lucha de calles que incendió las hogueras de Córdoba, había proyectos de poder popular, había estrategias de unidad de las fuerzas revolucionarias, y había una ideología socialista.


Aquel 29 de mayo de 1969, un acuerdo entre Elpidio Torres del Smata, Agustín Tosco de Luz y Fuerza y Atilio López de la UTA, permitió organizar una protesta activa conjunta pese a que el paro nacional previsto por 48 horas era sin concurrencia. Los estudiantes coordinaron la convocatoria con Agustín Tosco.


Cuando la indignación ganó las calles, la Policía se vio desbordaba y desapareció. Fueron incendiadas una concesionaria Citroën, la oficina de Xerox, la confitería Oriental y el Casino de Suboficiales de la Aeronáutica. En las esquinas se levantaron cientos de barricadas, con la adhesión espontánea de los vecinos que incluso colaboraban con las fogatas. Dicen que casi 50 mil personas estuvieron en las calles, algunos hablan de 15 muertos, otros de 50, y aseguran que los daños alcanzaron la mitad del presupuesto municipal de la época.


Fue la insurrección, no espontánea, sino pacientemente incubada por un pueblo que años antes había construido la CGT de los Argentinos, un movimiento estudiantil combativo, las ligas agrarias, el movimiento de sacerdotes por el Tercer Mundo. Estos movimientos, que protagonizaron la revuelta popular, encontraron en ella a su vez energía para multiplicarse y desplegarse hasta derrotar a la dictadura. En el ’76, claro, volvió la dictadura genocida, esta vez aplicando a fondo el terrorismo de estado para aplastar la organización popular y las rebeldías militantes.






Brindar la rosa
en el tiempo y el espacio mágico del aire radial.
Radializarla. Irradiarla.
Regarla con la poesía, la música, los dolores
y la esperanza que guarda la tierra.
Rehacer la rosa pétalo a pétalo,
Me quiere mucho,
muchito y todo.
Blindarla en el combate. Brindarla en el amor.
Risarla con alegre rebeldía.
La rosa brindada. Espacio de los intentos.


La rosa brindada

para enlazar