martes, 2 de diciembre de 2008

la belleza de diana



La canción resuena siempre

El destino común

es aquello que vuelve,

a veces es la fe

quien va adelante o es

filo de la razón

que hiere pero otorga

un soberbio estado

de claridad que aquieta,

controla horror y sueño,

mas su destino es caer

tocada por su propio

filo y el desorden

que nunca es presa,

estrampa el orden,

su ingenua

intención de encerrar

en un vaso el oceáno

Si se dieran lugar

cediendo como la voz

a la lengua y ésta

al misterio aunque alce

ladrillitos,

casa onido de intimidad

donde se entienden, uno

a otro así debidos

lo pequeño y lo infinito

La balanza siempre está

a la vista, allí,

en la risa de un niño

o en el llanto o trino

de lo que muere y nace

y sobre todo ¡buen

día! aquí, en la mano

tendida. Intentamos

con la ley poner coto,

afán desmesurado

de ser donde perdemos

nuestro ser por jerarquía

Está bien, si inmantada

por la fe nos uniera

la vara de esta ley

que separa y ordena,

sostenidos por otro

nos ponemos de pie,

no es la propia boca

aquello que queremos,

sino la intuición

de que lo propio vuelve

sólo desde lo ajeno

La mañana de invierno

acuna, la palabra

saciada en el silencio

habla, pero no si antes

no pasa por el trueque:

¡lindo el día!, ¿un mate?,

hasta la vuelta, siempre

diana bellessi

Brindar la rosa
en el tiempo y el espacio mágico del aire radial.
Radializarla. Irradiarla.
Regarla con la poesía, la música, los dolores
y la esperanza que guarda la tierra.
Rehacer la rosa pétalo a pétalo,
Me quiere mucho,
muchito y todo.
Blindarla en el combate. Brindarla en el amor.
Risarla con alegre rebeldía.
La rosa brindada. Espacio de los intentos.


La rosa brindada

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