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domingo, 6 de abril de 2008

EL TRASFONDO DE LA PELEA POR LA SOJA

("el yuyito")

Cristina García, economista. Abril 2008

Dado el nivel de confrontación que se ha vivido en el país y la simplificación de las discusiones desde el discurso del gobierno, quisiera antes que nada decir que estoy de acuerdo con la aplicación de las retenciones a las exportaciones en algunos contextos y particularmente cuando la aplicación de las mismas permite una disociación o independizan, de cierto modo, los precios del mercado interno con los del mercado internacional, especialmente cuando se trata de productos de alimentación. Pero también quisiera decir que no acepto la disyuntiva de “campo”/golpe, ni ninguna de las que se fueron armando a medida que se extendía el conflicto.

Las retenciones son solo una medida de política fiscal, en si mismas, no son ni progresistas ni regresivas, va a depender en qué se usen. Recordemos que el primero que las aplicó fue Krieger Vasena en la dictadura del Onganía y esto exime de cualquier otra explicación. Hay sí, otras herramientas de política fiscal que si son distributivas como: bajar el IVA (el más regresivo de los impuestos porque se paga igual no importa lo que se gane), aplicar impuestos a las ganancias financieras (exentas), aplicar impuestos a la herencia (anulado por Martínez de Hoz cuando tramitaba la herencia familiar y nunca repuesto por los sucesivos parlamentos democráticos).

La definición del contenido redistributivo del impuesto no está entonces en la herramienta sino en el uso que se le da a ese recurso, en el destino que se le da. Será, si se lo usa para elevar la calidad de la educación pública, o de la salud pública, o para elevar el nivel de los servicios públicos, si por ejemplo se usara para mejorar la red de transporte ferroviario. No será si se usa para acumular reservas, para financiar el tren bala, para dar subsidios a las grandes empresas.

Es interesante recordar también que es una responsabilidades de los gobiernos impulsar las condiciones de crecimiento de la economía del país, generando un marco claro de funcionamiento, definiendo prioridades, mejorando la infraestructura del país, invirtiendo en investigación, protegiendo los sectores que considere estratégicos, etc. Todo esto se traduce en las distintas medidas de política económica que, para que generen efectos reales, deberían ser parte de un plan de mediano plazo para que no se fueran solo medidas coyunturales.

Por otro lado para definir muchos de estos aspectos, el gobierno no puede actuar en soledad sino que debe interactuar con los distintos actores económicos, con los actores políticos y sociales. Esto no le quita autoridad ni implica un desconocimiento de sus atribuciones sino todo lo contrario.

Algo que hemos escuchado mucho en estos días es que Argentina vive una etapa de crecimiento sostenido (seis años consecutivos) a altas tasas, experiencia inédita en nuestra historia. Este crecimiento está basado en una coyuntura internacional caracterizada por el alto precio internacional de los productos agropecuarios e industriales El incremento de la demanda internacional de los productos agropecuarios tiene, entre una de sus causas, la incorporación al mercado de consumo de nuevos consumidores (fundamentalmente asiáticos).

Paralelamente a ello, en el país se da un incremento, también inédito, de los niveles de producción agropecuarios, especialmente agrícolas. Mejoraron entonces las exportaciones por precio y por volumen.

Históricamente como los productos exportables agrícolas son los que constituyen la base de la alimentación, se dio en el país, la tensión entre qué destinar a uno y a otro mercado, qué se debería hacer en relación al precio interno, dejarlo libre, desprenderlo del internacional y ahí el rol de las retenciones, con qué niveles de diferencia, etc. Paralelamente a estas cuestiones no menores, relacionadas con el consumo de la población, aparecía también si, estos ingresos, generados por condiciones geográficas de nuestro país (estar ubicado en una de las franjas de las tierras más fértiles del mundo) debía ser solo un beneficio para el propio sector sino que debería poder socializarse con y hacia el resto de los sectores. Por ejemplo que los impuestos que se le aplicaran al sector se destinaran a fomentar la industria, con la concepción que no solo debe hacer desarrollo en el sector primario sino que se necesita impulsar el industrial.

La historia de la política económica de nuestro país se puede leer en clave de cómo los distintos gobiernos resolvieron esta disyuntiva en relación a la producción del campo: dejar los precios libres, completamente regulados (la experiencias del IAPI), con topes a las cantidades de exportación, con la fijación de precios sostén (Junta Nacional de Carnes o Granos), con niveles de retenciones, etc...

Ahora bien, en la actualidad, se añade otra complejidad. Estas retenciones se aplicaron a un producto que no se consume internamente (la soja se exporta en un 95%). Entonces?. Un poco de historia también acá. A partir de principios de los 90, cuando se autorizó el uso de semillas transgénicas (maíz, soja), se produjo una profunda transformación del sistema productivo en el agro. No solo la misma fue ganando en superficie, sino que generó un cambio del paradigma de producción, aparecieron nuevos actores económicos, dejó de ser un sistema de “tranqueras adentro”, donde el propietario era el dueño del saber y decidía en función de pocas variables sino que surgieron nuevas figuras: contratistas, semillistas, más profesionales, pool de siembra y nuevas técnicas de producción: siembra directa, utilización de otro tipo de fertilizantes, etc. Se fue separando la figura del propietario de la del productor, muchos alquilan la tierra porque para pequeñas extensiones no es sencillo, según la zona, encararlo individualmente o tienen fórmulas mixtas.

Todo esto se fue gestando durante los 90. El marco de la convertibilidad dificultaba las exportaciones pero favorecía la importación de semillas, insumos. Podría decirse que Argentina se ubicó en niveles cercanos a los procesos de innovación que se producían internacionalmente, situación esta que no es fácil de alcanzar para los países menos desarrollados. La modificación del tipo de cambio en el 2002 y la licuación de los pasivos (que no fue exclusiva para el campo), encontró al sector con una fuerte disponibilidad de capacidades y recursos para aprovechar las condiciones internacionales. El mayor impulso en este proceso viene dado por la soja, que hoy alcanza el 50% de la superficie sembrada. Este extensión se logra, en parte por reconversiones productivas (tierras que antes se destinaban a otro producto) y mucho por la extensión de la frontera productiva (tierras no cultivables que con las nuevas técnicas de producción empezaron a cultivarse).

Cuando se produce una reconversión a gran escala y que lo que antes se dedicaba a alimentos se deja de producir, pueden aparecen dos problemas: el aumento de los precios de los alimentos porque hay menos disponibilidad o el peligro de la soberanía alimentaria, es decir, que pasaría si no produjéramos suficientes alimentos, se debería importarlos y por ende, se perdería la capacidad de poder garantizar la alimentación del conjunto de la población. Acá también deberíamos complejizar esta afirmación, porque fundamentalmente se trata de garantizar el consumo de los sectores populares o de la canasta básica y no subsidiar todos, pero esto es para otra reflexión.

Ahora bien, cómo deciden cientos de miles de productores en todo el país que hacer?. Primero por lo que la tierra les permite según sus características, luego por los costos, luego por las perspectivas del precio del producto, pero también por la historia en algunos productos. Un productor lechero, o ganadero no tiene la misma libertad que un productor cerealero. Este último tiene, en general, todos los años la posibilidad de un cambio total de producción si quisiera. Un tambero no, porque tiene mucho capital invertido en instalaciones, porque tiene muchos animales que debería vender o liquidar, por temas culturales, etc. Todo esto lo que quiere mostrar que, al contrario de lo que presentó el discurso de estas semanas, no hay solo actor: “campo” sino muchos, distintos y además desiguales.

Dada esta multiplicidad de actores (distintos y desiguales), desde el gobierno, es imprescindible la generación de un marco regulatorio integral, una definición consensuada sobre qué tipo de modelo se quiere ir. Si se quiere garantizar la producción nacional de alimentos, habrá que beneficiar a los que producen alimentos, garantizarle tasas de rentabilidad acorde para que no opten cambiar de producto. Es más duradera esta postura que penalizar a los que producen otros productos. Aumentar los impuestos a un producto de manera indiscriminada no siempre tiene el efecto deseado. Podría llevar, si no se tocan las condiciones de producción de los otros productos, a que favorezca el proceso de concentración porque, con un nuevo impuesto la producción, posiblemente, solo, no se vuelva rentable para los más chicos y entonces o venden o alquilan. Un ejemplo podría ser que para una explotación pequeña, la reducción en el precio que le implica el aumento de retenciones lo vuelve inviable, pero no puede cambiar porque para producir otro producto se requiere una maquinaria que no tiene, o no puede afrontar costos mayores que porque no tiene acceso al crédito, entonces no va a cambiar soja por el otro producto sino que venderá o alquilará sus tierras.

Más que una política fiscal (e incluyo acá tanto lo referido a impuestos o retenciones como a los subsidios que se ofrecen), se necesitan instancias de regulación permanentes. Por qué no estamos escuchando hablar de Junta Nacional de Granos o de Carnes y en lugar de ello aparecen instancias de otorgamiento de subsidios?. Esto no es responsabilidad de los productores aunque, como detalle, vemos que las cuatro entidades no lo plantearon tampoco en ningun momento. No será que de los dos lados, lo que prefieren son esas mesas de dialogo “chicas” y más discrecionales?. No será por esto que por eso, era fácil percibir que lo que surgía en las rutas no era lo mismo que decían las entidades.

Este gobierno se ha caracterizado desde el 2003, que en vez de apostar a cambiar las condiciones de desarrollo de la producción (y no solo agropecuaria) prefiere poner en marcha mecanismos de subsidios y compensaciones al sector empresario. Esto puede ser visto como necesidad de actuar ante la urgencia y en un primer momento es cierto, pero cuando el mecanismo persiste en el tiempo, más bien evidencia una no voluntad de políticas de largo plazo, una preferencia por el manejo directo de los subsidios y por ende un tipo de ejercicio del poder más discrecional .

Acá surge otro tema importante cual es el proceso de crisis de representatividad en la que entraron las entidades gremiales empresarias. Las mismas (que son muchísimas) tienen incumbencias locales, regionales y nacionales pero, salvo las que surgieron en los últimos diez años, están asociadas a la figura del propietario y a una actividad específica, si produce ganado estará en la sociedad rural local y/o en la asociación de criadores respectiva, pero puede también por la producción agrícola que seguramente también realiza ser parte de una cooperativa. Un mismo propietario puede entonces pertenecer a varias entidades. A la par de la reconversión del proceso productivo que hacíamos referencia más arriba, surgieron nuevas asociaciones de productores que no se plantean un carácter gremial sino tecnológico y de apoyo al proceso productivo, que se agrupan por producto (soja, maíz, trigo) donde nuclean a los productores (ya no a los propietarios) y a los otros integrantes de la cadena como productores de insumos o que se agrupan por tipo de producción (por ejemplo los que utilizan siembra directa). Estas últimas no se manifestaron ni participaron de las acciones. En ellas casi no hay propietarios pequeños y medianos. Por el peso de tener incumbencia nacional, por ser las más antiguas, las 4 entidades gremiales nacionales, suelen ser tomadas como las representativas de todo el sector, pero de hecho no es seguro que así sea.

En la escalada del conflicto a lo largo de los 21 días del paro de los productores del campo todo lo anterior estaba presente pero oculto. La medida se toma a partir de la fijación de retenciones móviles sobre la soja semanas antes de la cosecha. Esta no fue una medida que se iba a aplicar para la próxima cosecha y ahí podría ser entendida como una regulación en función de garantizar que no cayeran las otras producciones, sino que se aplica, sin ninguna distinción, a todos los productores en el momento que van a cosechar, cambiándoles las condiciones bajo las que tomaron la decisión de producir. En general se considera que cuando esto sucede se agrega más incertidumbre a la actividad económica y sirve de desaliento a procesos de inversión.

Además se aplica sin ningún mecanismo de consulta previa ni de negociación. Además de evidencias que no se previó una oposición tan frontal, pareciera que tuvo un objetivo fiscal directo. Es atribución del gobierno hacer esto?. Si y no. La modificación de la política impositiva es resorte del Congreso de la Nación, pero….como el país está en emergencia económica, calificación que este gobierno no tiene ninguna intención de modificar (aunque luego se presente como responsable de la etapa de mayor crecimiento económico del país) porque la misma le permite el manejo directo de las retenciones y del presupuesto nacional entre otras cosas, si está habilitado para aplicar estas modificaciones a las retenciones.

También anuncia que bajará las retenciones del trigo del 25 al 24.1% como muestra que quiere mejorar la rentabilidad de los otros productos para evitar la fuga hacia la soja. Lo exiguo del descenso y el hecho de hacerlo cuando el remanente sin vender (15% del total) está en manos de los exportadores no de los productores pareciera que va a generar ganancias solo a unos pocos y fue lo que podría decirse una medida para la “tribuna” o en este caso para el “palco” por lo reducido de los beneficiarios.

Ahora bien, por qué entonces una respuesta masiva de los productores/propietarios no solo de soja y una ausencia en la protesta de los grandes productores/propietarios o de los grandes productores?. Por qué protestaron incluso los que podrían beneficiar, como los que utilizan la soja como insumo de su producción?

Me parece que hay que ver acá diferentes situaciones:

  • este gobierno viene acumulando errores en la política hacia el productor de campo, en los conflictos por el tema de la carne o de la leche, acordó con las grandes y pocas empresas industriales (frigoríficos e industrias lácteas) y las compensaciones para evitar el aumento de precios al consumidor quedaron en poder de las empresas y no llegaron a los productores. En realidad tampoco a los consumidores porque los precios no se mantuvieron, pero esta es una acotación al margen. No hubo indicios que los reclamos al respecto fueran escuchados ni que se fuera actuar de manera diferente en el futuro. No se cuantos de los que salieron conocen el poema de B.Brech pero me parece que algo así circuló y entonces la protesta excedió largamente a los sojeros.
  • Tampoco es tan fuerte el vínculo con las entidades para delegarles la negociación y tomo fuerza el mecanismo de acción directa. Actitud no propia de estos productores sino que surge en distintos sectores. Por qué Gualeguaychú no confía en el gobierno nacional y tiene un puente internacional cortado?, por que en su momento los movimientos piqueteros realizaron lo mismo?.
  • Cómo fue posible que durante los primeros días del conflicto no pudieran generarse instancias mediadoras: no hay ministros con esa capacidad?, no se hubiese podido abrir el juego a gobernadores?, no puede cumplir ningun rol el Congreso de la Nación?. Es posible que solo quede la figura de la presidenta?.
  • Por qué no existe la misma actitud de establecer márgenes fijas de ganancia con las otras actividades económicas, ellas también formadoras de precios o incluso más formadoras que el sector productor agropecuario?.
  • Por qué las retenciones agropecuarias son para el poder central y las regalías petroleras para las provincias petroleras? No sería hora que las retenciones integren el régimen de coparticipación?.
  • Cuatro discursos en una semana con diferentes auditorios?. El único elemento aglutinador que el gobierno encontró para imponer su autoridad fue la categorización del conflicto como un intento de golpe de estado? Las divergencias internas en el oficialismo eran tan grandes? No es un poco peligroso darle semejante dimensión? Si fuera cierto no sería necesario explicitar responsables con nombre y apellido, iniciar causas judiciales?

Por el lado de la protesta también hay cosas que no se entienden?, por qué lanzaron el paro por tiempo indeterminado dos horas antes de que hablara la presidenta?, conociendo el estilo gubernamental eso también era cerrar todas las puertas del diálogo. Por qué recién ahora hacen conocer las distintas instancias de negociación que habían entablado antes del 11 de marzo?. Iniciaron la protesta sin mesurar la extensión que iba a alcanzar y no vieron que un paro de esa extensión iba a desembocar en el desabastecimiento?.

Las medidas compensatorias que se enunciaron son de difícil aplicación y se corre el riesgo que el régimen de subsidios corra la misma suerte que los que lo precedieron y por ende no cambien la situación inicial. Por otro lado, más allá del reconocimiento de que los pequeños productores son actores económicos que el gobierno quiere fortalecer no pareciera que el anuncio de la creación de una Subsecretaria específica modifique la situación, más aun cuando se anuncia que su prepuesto provendrá de partidas presupuestarias no ejecutadas por la Secretaria de Agricultura y que son de programas que estaban destinados a apoyar a los pequeños productores….será que cambiar el lugar de ejecución en el organigrama, cambia la eficiencia?.

Son muchas las preguntas que el análisis de este conflicto despierta y como siempre pasa no será solo del campo económico donde salga la respuesta sino del político. Pareciera que tanto la protesta como la inacción del gobierno hasta la última semana del conflicto alcanzaron niveles y consecuencias no previstas por ninguna de las dos partes y dejaron expuestas fuertes debilidades políticas del país.

jueves, 3 de abril de 2008

DIAS EXTRAÑOS- Maristella Svampa


31/03/2008 acerca del esquema binario y otras mentiras...


Días extraños y no menos intensos nos ha legado la última semana de marzo. Frente a la escalada del conflicto entre el gobierno y el campo; frente a su desborde y su pasaje a otros registros, no faltó sector, partido, organización social, intelectual, trabajador o vecino que no haya alzado su voz, expresando su posición al respecto. En sus ramificaciones inesperadas, el conflicto rompió abruptamente con la apatía de una sociedad, que sólo cinco meses antes votara en elecciones presidenciales, luego de la campaña política más insípida de las últimas décadas. En sus ramificaciones inesperadas, el conflicto fue sumando niveles y proyectando otros temas, que enrarecieron peligrosamente el clima político de esos días. Entre tantas derivaciones, me gustaría detenerme en tres temas: la lectura sobre los cacerolazos, la reactivación de un esquema binario de la política, y la discusión acerca del paradigma productivo.

Los cacerolazos

¿Cómo interpretar los cacerolazos realizados a partir del martes 26, especialmente en la ciudad de Buenos Aires? Es innegable que los cacerolazos tuvieron un carácter de clase, pero resultaría engañoso avalar la lectura unidimensional que hizo el gobierno. Sin ir tan lejos, y aunque hegemonizados por las clases medias urbanas, las cacerolas de diciembre del 2001 manifestaron el repudio de amplios sectores sociales a la política del gobierno de entonces, y más precisamente, se constituyeron en una expresión espontánea de repudio al discurso autoritario y autista del presidente De la Rúa. Esas cacerolas de entonces, no hay que olvidarlo, estaban bastante indeterminadas ideológicamente, por no decir cargadas de ambivalencia, y fue solo después, con el surgimiento del movimiento asambleario, que tomaron una dinámica política determinada. Pero, más allá de la indeterminación ideológica, esas mismas cacerolas dejaron una marca orgullosa en la memoria de muchos argentinos de clase media, sobre todo porteña. Esa marca, nos guste o no, forma parte ya de la cultura de la protesta, y puede ser reactivada ante determinados conflictos, independientemente de sus clivajes ideológicos. La dirección que luego adopten dependerá de la dinámica política que se instale entre los diversos actores en juego y el propio gobierno.

Lo cierto es que el sobretono de la presidenta, exhibido el martes 26 de marzo, despertó la indignación y la animosidad de muchos argentinos -que probablemente no la votaron-, pero que decidieron salir a repudiar lisa y llanamente su actitud, munidos menos de un discurso elaborado o de una consigna definida, que de una sospecha, un malestar, una impugnación común que nuevamente se expresó a través del ruido ensordecedor de las cacerolas, cuando no del golpeteo furioso propio del ahorrista estafado. Así, sería lamentable caer en la trampa de las interpretaciones lineales, afirmando que los cacerolazos fueron el fruto de la conspiración de golpistas trasnochados o la expresión sin más de la defensa del "campo". Había más, mucho más, en esa suerte de magma ideológico que tantas veces atraviesa a nuestras tumultuosas
clases medias. El gobierno debería tomar nota de ello y sumarlo al análisis del resultado de las últimas elecciones, ya que la fórmula del oficialismo obtuvo baja votación en aquellos distritos donde los índices de pobreza son menores. Esto es, un porcentaje no menor de las clases medias, cuya volatilidad política suele ser mayor que la de otros sectores sociales, y pese al actual auge del consumo, le habrían dado la espalda.

Por último, más allá de las "cadenas de mails" que llamaban a manifestarse (cuya eficacia, presumo, habría que relativizar), una vez más la espontaneidad estuvo del lado de la crítica, de la oposición, y en ningún momento del lado del gobierno. Más aún, aquellos que consideran las retenciones como una medida positiva (y sin duda lo es, por encima de su carácter indiferenciado y no coparticipativo), no encontraron ni tuvieron el espacio desde el cuál manifestar ese apoyo;
a menos que uno decidiera alinearse junto con las "masas encuadradas" de los piqueteros K o las huestes de Moyano. Convengamos que el rechazo a estas alternativas no tiene que ver strictu sensu con consideraciones de tipo clasista, sino con la naturaleza misma del vínculo que estas organizaciones mantienen con el gobierno: la dependencia, la subalternidad, la instrumentalización.

El esquema binario

El segundo tema al cual quiero referirme es de naturaleza histórico-política. En estos días asistimos a la súbita reactivación de un esquema binario de hondas raíces históricas, una matriz dicotómica a partir del cual se pretende obtener una mirada abarcadora y omnicomprensiva de la política argentina. Así como el cacerolazo debe ser comprendido dentro de la memoria corta, la matriz binaria debe entenderse en el marco de la memoria larga de los argentinos:
Civilización o Barbarie, Pueblo versus Oligarquía, Peronismo o Antiperonismo, no hay que olvidarlo, estuvieron en otros tiempos entre sus consignas más ilustrativas.

Como nos lo recuerda la historia argentina, dicho esquema conduce a una peligrosa reducción de la política, reactiva los prejuicios clasistas y racistas más elementales, desplazando al conflicto en un registro que queda fuera de toda disputa democrática. No lo ignoraba D´Elía cuando entró a la Plaza de Mayo para expulsar a los caceroleros al grito de "patria sí, colonia no" o cuando habló abiertamente del odio a la oligarquía y el desprecio social de éstos hacia los "negritos". Tampoco lo desconocían las señoras de Palermo o de Recoleta, cuando hacían sonar frenéticamente su cacerola o los oyentes que llamaban a las radios para expresar un cúmulo de invectivas clasistas y racistas contra el peronismo. Como dijo Ionesco, acaricia un círculo y éste se hará vicioso. Algo de este círculo vicioso fue lo que enrareció peligrosamente el clima político de estos días. Y como nuestra historia, además de ser trágica es, en ese sentido, rica y colorida en hipérboles y sobreconflictualizaciones, resulta fácil caer en la trampa del círculo.
Digámoslo de modo más riguroso: la inserción de las oposiciones en una matriz binaria tienden a absorber, monopolizar y distorsionar las figuras de la división: así la polarización rápida desdibuja los matices, conspira contra el llamado a la diversidad y todo parece reducirse a una colisión entre dos bloques monolíticos.

Aclaro que nadie sostiene que no haya antagonismos irreconciliables, pero éstos están lejos de reflejarse en la oposición "campo/gobierno" o de

resumirse en la imagen de las dos Argentinas. En realidad, no hay una ni dos, sino muchas Argentinas en conflicto. Pero ante la polarización y puesta en escena de un esquema binario, como el que sobrevoló estos últimos días, todo intento por diversificar las opciones y complejizar los posicionamientos y antagonismos, termina por caer en saco roto. Lo saben en carne propia aquellas izquierdas que acudieron a la plaza, para apoyar el paro agropecuario al tiempo que exigían la reforma agraria… No sólo los noteros televisivos, tan proclives al pensamiento
binario, los miraban como si fueran marcianos recién desembarcados; también se ganaron la burla presidencial… Burla injusta, hay que decirlo, pues el gobierno estuvo entre los primeros en caer entrampado –y en promover- el círculo vicioso.
Resulta curioso que Luis D´Elía, quien fue sin duda el personaje que enunció de la manera más simplificadora y autojustificativa el carácter binario de la confrontación, se haya acordado recién ahora de la reactivación de los prejuicios clasistas y racistas de una buena parte de la sociedad argentina, si en realidad lo que él denuncia tiene un precedente reciente, bajo gobierno kirchnerista, quien fue el responsable político de la demonización de las organizaciones
piqueteras disidentes. Ironías de la historia, el antiguo piquetero devenido en "soldado" del gobierno, no hace más que probar la medicina que el oficialismo ya utilizó para con sus hermanos de clase…

El paradigma agrario

El tercer tema se refiere, claro está, al carácter genérico de la expresión "campo". Como se ha venido recordando en estos días, desde mediados de los ´90, asistimos al desarrollo de nuevas tramas productivas en el agro argentino, que modificaron bruscamente el modelo local de organización de la producción. Este nuevo modelo, que se caracteriza por el uso intensivo de biotecnologías, de acuerdo a stándares internacionales (semillas transgénicas a través de la siembra directa), colocó a la Argentina como uno de los grandes exportadores mundiales de cultivos transgénicos. Lo cierto es que, para muchos, su éxito inicial no sólo está relacionado con el agotamiento del modelo anterior, sino con su capacidad "relativa" por articular diferentes actores económicos: mientras que en el sector semillero aparecen las grandes empresas multinacionales (como Monsanto) y unos pocos grandes grupos económicos locales, en el circuito de producción surgen otros actores económicos, entre ellos los "terceristas" (los que cuentan con el equipamiento tecnológico), los "contratistas", suerte de "productores sin tierra" (entre las cuales se incluyen los pooles de siembra y los fondos de inversión), y por supuesto, los pequeños y medianos propietarios, muchos de ellos rentistas. ¿Esto significa entonces que, dada la heterogeneidad de actores que asoman en el nuevo mapa agrario, dicho modelo tendría la particularidad de salir de una dinámica de "ganadores y perdedores", propia de los ´90?

Los reclamos de los pequeños y medianos productores parecieran indicar que el modelo, tal cuál aparece hoy, está lejos de ser inclusivo. A esto hay que añadir, los desplazamientos de campesinos e indígenas que desde hace años se llevan a cabo en ciertas provincias situadas en la llamada "frontera agrícola" (las áreas marginales), como Santiago del Estero y Salta, cuyos reclamos no aparecen en la agenda de ninguna de las organizaciones agrarias hoy movilizadas. Asimismo, no hay que ser ambientalista para constatar que el aumento de la rentabilidad en el
cultivo de transgénicos viene acompañado del avance de la desforestación y el monocultivo intensivo. Ello, sin contar lo que supone la sojización del modelo productivo en términos de renuncia de la soberanía alimentaria, o, en otro nivel, de posibilidad de independencia y desarrollo tecnológico, vista la tendencia a producir sólo commodities y no productos con valor agregado.

Así, el nuevo paradigma de producción agraria está lleno de puntos ciegos, que involucran una serie de problemáticas muy arduas y complejas, cuya discusión y crítica todavía aparece reducida a unos pocos especialistas, algunas organizaciones no gubernamentales y los movimientos indígenas y campesinos. Pero el debate social sobre sus implicaciones como vía del desarrollo, apenas está en sus inicios. Tal vez la mentada puja entre el "campo" y el "gobierno" pueda contribuir a generar un verdadero debate social sobre las implicaciones de un paradigma productivo, que a no dudarlo, engloba mucho más que a los productores agrícolas, supera la discusión acerca del tamaño de la unidad productiva o el porcentaje de retenciones que debe cobrar el Estado, y pone en tela de juicio la actual visión productivista y lineal del desarrollo, que predomina tanto en el gobierno como en el conjunto de los actores del nuevo modelo.

Un comentario final. En estos días extraños y tan intensos llegó a mis manos un libro que acaba de editarse en Francia y conoce ya un gran éxito de ventas. Su autora es una conocida periodista, Marie Monique Robin y el título del mismo, El mundo según Monsanto. Libro perturbador, si los hay: a través de una exhaustiva investigación, la autora nos va develando minuciosamente la historia de Monsanto, la firma más emblemática de la agroquímica mundial, a quien pertenece nada menos que el 90% de los organismos genéticamente modificados cultivados en el mundo, y controla por ello gran parte del paquete agrotecnológico que, entre otros, está obligado a utilizar el llamado "campo argentino".

La historia de Monsanto está marcada por un número importante de errores fatales que, más allá de las condenas judiciales y del conocimiento de su nocividad por parte de la firma, no obstaculizaron durante un buen tiempo la difusión y venta de productos sumamente perjudiciales para la salud de la población y del medioambiente. La lista de estos productos es larga, y me permito por ello retomar el resumen del prologuista del libro, Nicolás Hulot: "el PCB, que sirve de líquido refrigerante y lubrificante y cuya nocividad es devastadora para la salud humana y la cadena alimentaria, prohibido luego de constatar la contaminación masiva ; la dioxina, de la cual bastan solamente pocos gramos para envenenar toda una ciudad, y cuya fabricación también será prohibida, desarrollado a partir de un herbicida de la firma, que será la base del tristemente célebre Agente Naranja, el desfoliante arrojado sobre las selvas y aldeas vietnamitas (lo que permitirá a Monsanto obtener en el Pentágono el contrato más grande de su historia); las hormonas de crecimiento lechero y bovino –primer banco de ensayo de los organismos genéticamente modificados-, cuyo objetivo es hacer producir al animal más allá de sus capacidades naturales, más allá de las consecuencias vistas sobre la salud humana; el herbicida Roundup, presentado como biodegradable y favorable al ambiente, afirmación contradicha por las decisiones de la justicia en Estados Unidos y Europa"…

Días extraños y no menos intensos… La fusión inesperada entre la memoria larga (el esquema binario) y la memoria corta (los cacerolazos) produjo una escalada de efectos nefastos, desdibujó los matices y redujo peligrosamente el espacio del antagonismo. Mientras tanto, la discusión acerca de las complejas dimensiones que hoy recubren el concepto de "Desarrollo", tanto a nivel social, ambiental como en términos económicos y tecnológicos, continúa siendo un tema ausente de la agenda política.

Brindar la rosa
en el tiempo y el espacio mágico del aire radial.
Radializarla. Irradiarla.
Regarla con la poesía, la música, los dolores
y la esperanza que guarda la tierra.
Rehacer la rosa pétalo a pétalo,
Me quiere mucho,
muchito y todo.
Blindarla en el combate. Brindarla en el amor.
Risarla con alegre rebeldía.
La rosa brindada. Espacio de los intentos.


La rosa brindada

para enlazar